Falsos amigos y falsa oposición

La falsa oposición entretiene, pero no enseña. En realidad, intenta atraparnos en un círculo de oscuridad y ofuscación.

 

Se presenta como tu amigo, por oponerse, aparentemente, al poder establecido; pero intenta inocular en tu mente una imagen incompleta de la realidad, en la que la postura opositora está también envenenada.

Para ilustrar su modus operandi, planteemos un ejemplo hipotético: una organización de ámbito internacional que es un instrumento para la implantación de un opresivo régimen mundial de carácter totalitario siguiendo los principios de la Tecnocracia, declara que el mundo está siendo asolado por una terrible pandemia, dicen que causada por el agente patógeno llamado Raudo Terrible Tanatovirus, y recomienda a los gobiernos nacionales acabar con la libertad de la población y cerrar la economía para detenerla. La mayoría de los gobiernos siguen sin rechistar dichas recomendaciones, hallando gran fruición en el ejercicio de poderes tan extremos gracias al pretexto proporcionado por la organización mundialista.

En el país de Occidentalia, el gobierno ha seguido las recomendaciones de la organización mundialista e, incluso después poner fin a varios meses de confinamiento, sigue imponiendo un estado de emergencia de facto, estrangulando las libertades de sus súbditos y la economía que les permite, de cada vez menos, llenar el estómago y pagar las facturas. A pesar de las extremas medidas impuestas por el gobierno, durante los dos primeros meses desde la declaración de la pandemia, se produjo un exceso de mortalidad en Occidentalia de decenas de miles de personas. Nuestro falso opositor clama lleno de indignación contra la mala gestión del gobierno, contra sus arbitrariedades, contra sus torpezas, contra su corrupción, contra su lentitud… Para nuestro falso opositor, el gobierno no hizo lo suficiente y, por eso, es responsable de miles de muertes. Tal vez… ¿el gobierno no fue lo suficientemente extremista? ¿Estos son los límites de nuestro mapa mental? Quien se sienta tentado a buscar la verdad más allá, escuche con temor la advertencia: Hic sunt dracones.

Mientras tanto, en países lejanos, otros gobiernos, unos pocos, se mostraron escépticos ante el discurso del terror raudiano y han seguido estrategias mucho más moderadas. En el Reino de Suilandia, por ejemplo, sus sabios concluyeron que lo más sensato era buscar los mejores resultados a largo plazo, por lo que en un ataque de sensatez, aplicaron medidas muy moderadas en comparación con los demás. Aunque durante los dos primeros fatídicos meses, el Reino de Suilandia sufrió un exceso de mortalidad mayor que el de sus vecinos, ahora afronta el invierno en mejor situación que los demás. Y en otro de los países reacios a seguir los mandatos mundialistas, Yesirrusia, su dirigente ha denunciado que las subvenciones de otra institución mundialista, de carácter bancario, no le daría ayudas económicas si no abandonaba su política no intervencionista para abrazar de lleno las prácticas liberticidas y economicidas ejecutadas en los demás países con pretexto de luchar contra el Raudo Terrible Tanatovirus. Curiosamente, tras las declaraciones del dirigente de Yesirrusia, se ha declarado una revolución de esas de colores, que a veces ocurren. Seguro que es mera casualidad.

A nuestro falso amigo, el falso opositor, le incomodan estos contrapuntos de nuestro ejemplo hipotético. El de Yesirruia simplemente lo obvia. Es un país lejano y desconocido. Si no hablas de él, no existe. Y, al fin y al cabo, la única corrupción que interesa es la de Occidentalia. Es la que entretiene al público patrio. Más difícil es obviar al Reino de Suilandia, menos lejano y más popular entre los traviesos viajeros que coquetean con las fronteras de los territorios ignotos del mapa mental oficialista. Por ello, el falso opositor, nuestro falso amigo, lo despacha sin miramientos, es decir, sin detenimiento ni verdadero discernimiento, apelando con descaro a la emoción:

“No soporto a éstos que hablan de la inmunidad de rebaño. El RTT ha matado a mucha más gente por millón de habitantes en Suilandia que en su país vecino Kaiserlandia, y todo ¿para qué? Para conseguir una caída del PIB un punto menor que la de Kaiserlandia. ¿Qué valor tiene para esta gente una vida? No los soporto.”

Y cuestión zanjada para nuestro falso amigo, falso opositor a la tiranía, sin que ni siquiera nos haya dado tiempo de hablar de otro de los países de la resistencia, a saber, Lakota del Sur, provincia del Gran Imperio de la Nueva Albión, donde su metrópoli más populosa, Nueva Eboracum, cuyo gobierno impone las medidas más extremas, “hace gala” durante la pandemia de una mortalidad muchísimo más alta que la de la provinciana Lakota, pero es esta última la que recibe las críticas de los devotos fieles raudianos. Curioso… En nuestro hipotético ejemplo pareciera que preguntarse el por qué de tales discrepancias y, sobre todo, el por qué de tal incongruencia entre severidad de las medidas adoptadas en nombre de la lucha contra el RTT-1984 y resultados de la lucha contra el RTT-1984 en términos de exceso de mortalidad, fuese una amenaza espiritual más terrible que el riesgo sanitario atribuido al propio RTT-1984, de la que hubiera que protegerse atacando con fanático fervor al herético. Hay cuestiones que están vedadas. No cabe preguntarse si cuando los “expertos” pronuncian palabras como “aislado”, “secuenciado”, “caso” y “vacuna” el significado de estas palabras ha sido alterado. No cabe cuestionar si ha existido y existe mala praxis médica sistemática con resultados letales significativos, ni, por ejemplo, si el confinamiento es, en sí mismo, una causa de mortalidad extraordinaria en las residencias de ancianos, además de otras contempladas por los raudianos y más del gusto de los falsos opositores. Afortunadamente, esto solo sucede en nuestro hipotético ejemplo, y no en el mundo real, ¿verdad?

Yo tampoco te soporto a ti, mi queridísimo falso amigo. Tu línea de crédito extraordinaria, que antaño te ganaste por ciertos servicios prestados al bien público (siempre hipotéticamente), está completamente agotada. ¿Por qué? Porque no quieres entrar en el fondo de la cuestión. Porque te bañas en la falacia y alimentas la propaganda de terror y cientifismo de la tiranía mientras presumes de rigor intelectual. Así, te limitas a reforzar la valla que cerca a tus oyentes en un círculo de oscuridad y confusión donde, al igual que aquellos a los que dices oponerte, quieres mantener cautivo el debate. No cuestionas el mutante discurso de los tiranos que están por encima de sus delegados nacionales, con lo que evitas, además, analizar los supuestos fundamentos y la supuesta eficacia de las medidas extremistas. Planteas cuestiones tramposas y objeciones falsarias, que desvían la atención lejos de cualquier análisis realmente profundo y crítico. Te rasgas las vestiduras por las vidas segadas por el Raudo Terrible Tanatovirus, sin cuestionar si realmente todas las víctimas que se le atribuyen le corresponden, ni valorar el daño de las medidas extremistas de los déspotas en términos de años-vida a toda la población.

En definitiva, no quieres hacer las preguntas que permitirían contemplar la posibilidad de derribar los muros y salir al campo abierto donde la luz y el aire fresco matan a los patógenos de la mentira. No quieres que las respuestas a dichas preguntas cobren vida en la inteligencia de tus oyentes, para que dicha posibilidad no se convierta en hecho. Quieres que el público siga enfermo, pues, como aquellos a los que dices oponerte, vives de la enfermedad de tu público, no de defender su salud. Los que todavía no han descubierto el saludable efecto de ejercer el respeto a uno mismo apagando el receptor de radio cuando tú hablas, mi queridísimo falso amigo, seguirán sin preguntarse por qué palabras como “caso”, “vacuna”, “secuenciar” y “aislar” no significan en boca de los satanistas de facto lo que realmente significan. Y seguirán prisioneros del espectáculo de sombras en el que les mantienes cautivos, hasta que a través de alguna rendija, un rayo de luz se escape a tu control y les llame al exterior, a descubrir la verdad y la libertad. Todo hipotéticamente, por supuesto.

*

NOTA: Cualquier parecido de la realidad con el ejemplo hipotético planteado es pura coincidencia. Los artículos enlazados en el texto se han elegido e incluido porque, casualmente, sirven para ilustrar los males denunciados en la hipótesis planteada; pero no se debe inferir mayor significado que la oportunidad que dichas coincidencias casuales ofrecen para ilustrar los argumentos aquí presentados.

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Un Comentario

  1. Pingback: El menguante falso amigo | Reflexiones invernales

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